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Santiago, 21 de enero de 2025
La tecnología que mueve el agua: un factor clave para la eficiencia y sostenibilidad de la desalación

En un escenario marcado por la escasez hídrica y el aumento sostenido de la demanda de agua y energía, el desafío ya no es solo contar con nuevas fuentes, sino asegurar que el agua pueda llegar de manera continua, segura y eficiente a los procesos que la necesitan. En los proyectos de desalación, una parte sustantiva del consumo energético, de los costos operacionales y de la huella ambiental no se define únicamente dentro de la planta, sino en los sistemas que permiten conducir el agua desde su origen hasta su destino final.
Así lo explica Carlo Zaffaroni, Director de la División de Ingeniería y Líder de Infraestructura Crítica, y Experto Global en Agua y Aguas Residuales Industriales de WSP, quien será uno de los speakers del próximo Congreso ACADES. Desde su experiencia internacional, advierte que los sistemas de bombeo y conducción son determinantes para el desempeño global de cualquier iniciativa de desalación.
“Los sistemas de bombeo y conducción influyen directamente en el consumo de energía, los costos operativos, la huella de CO₂ y el impacto ambiental de un proyecto. La energía no solo se utiliza para el proceso de desalación en sí, sino también para mover el agua a lo largo de todo el sistema y llevarla hasta donde se necesita. Por eso, el desafío es diseñar estos sistemas para utilizar la mínima cantidad de energía técnicamente factible para producir el volumen de agua requerido”, señala.
Decisiones tempranas que marcan décadas
De acuerdo con Zaffaroni, muchas de las ineficiencias que acompañan a los proyectos durante toda su vida útil se originan en decisiones adoptadas en etapas tempranas de diseño. La selección adecuada de bombas de alta eficiencia, dispositivos de recuperación de presión, variadores de velocidad, sistemas modulares y un correcto dimensionamiento de capacidades resulta clave para evitar sobredimensionamientos que luego se traducen en mayores costos, consumo energético innecesario y mayores emisiones.
A esto se suma el diseño de los sistemas de conducción de larga distancia, especialmente relevantes en países como Chile, donde la desalación implica transportar agua desde la costa hacia zonas interiores, muchas veces a gran altura.
“Cuando se analiza la infraestructura desde un enfoque de ciclo de vida, es fundamental entender que la mayor parte de las emisiones de CO₂ se genera en la fase de construcción. Por eso, evitar construir sistemas más grandes de lo que realmente se necesita no es solo una decisión económica, sino también ambiental”, explica.
El desafío de una geografía compleja
Chile presenta condiciones particularmente exigentes para este tipo de proyectos: grandes diferencias de altura, alta sismicidad y una disponibilidad de agua continental cada vez más limitada debido a la sequía prolongada. Para Zaffaroni, estos factores obligan a diseñar sistemas de bombeo especializados, flexibles y resilientes, capaces de operar bajo condiciones altamente variables y de resistir eventos extremos.
“Las variaciones de altura requieren un diseño muy cuidadoso de los sistemas de bombeo, tanto para gestionar altas cargas estáticas como para evitar problemas de presión y cavitación, especialmente en zonas de gran altitud. A esto se suma la necesidad de contar con infraestructuras resilientes frente a terremotos y respetuosas de ecosistemas sensibles”, señala.
En este contexto, el uso de herramientas digitales como la planificación basada en sistemas de información geográfica (GIS), el monitoreo en tiempo real y los modelos predictivos adquiere un rol cada vez más relevante para optimizar trazados, anticipar fallas y coordinar proyectos a escala territorial y entre distintas cuencas.
Infraestructura hídrica: un desafío digital y circular
De cara al Congreso ACADES, Zaffaroni plantea que uno de los principales mensajes para los tomadores de decisión es comprender que la infraestructura hídrica ya no puede abordarse únicamente desde la ingeniería civil tradicional.
“Hoy la infraestructura hídrica es un desafío digital y circular, además de estratégico. El diseño ya no puede basarse en promedios históricos, sino que debe prepararse para escenarios de alta variabilidad climática y eventos extremos”, afirma.
En esa línea, subraya la importancia de avanzar decididamente en la diversificación de las fuentes de agua, incorporando la desalación y el reúso de efluentes tratados como pilares de la seguridad hídrica, junto con el despliegue de sistemas inteligentes que integren mantenimiento predictivo, gemelos digitales y gestión avanzada de activos.
“La seguridad hídrica es una condición habilitante para el crecimiento económico. Integrar agua, energía, tecnología y financiamiento —a través de esquemas colaborativos y alianzas público-privadas— será clave para enfrentar las inversiones de gran escala que vienen”, concluye.
