Noticias

Santiago, 9 de enero de 2025

Infraestructura subterránea: el rol estratégico de los túneles en la desalación y reúso de agua

Alfredo Abarca, gerente comercial y de estudios de Eurohinca

En un contexto de crisis hídrica, la desalación y el reúso se han vuelto infraestructuras clave para asegurar el abastecimiento de agua en sectores estratégicos, donde la eficiencia de estos sistemas depende no solo del tratamiento, sino también de la infraestructura que permite captar, transportar y devolver el agua al mar.

“La desalación parte mucho antes de la planta. Si la captación y la descarga no están bien resueltas, el desempeño completo del sistema se ve afectado”, explica Alfredo Abarca, gerente comercial y de estudios de Eurohinca. De acuerdo con el ejecutivo, variables como el diseño hidráulico, el diámetro nominal de las conducciones, la materialidad y el control del biofouling son claves para mantener los caudales de diseño y asegurar una operación eficiente y continua.

En los últimos años, la industria ha evolucionado desde soluciones tradicionales —como muelles o tuberías lastradas— hacia alternativas más robustas, como los túneles emisarios e inmisarios submarinos. Esta tecnología, basada en microtunelería y métodos constructivos sin zanja, ha ido ganando terreno en Chile por su eficiencia técnica, ambiental y operativa.

“Durante mucho tiempo se utilizó la metodología convencional mediante muelle o tubería lastrada, pero estos últimos años en Chile se ha volcado a la solución túnel, donde Eurohinca es la empresa con más referencias de emisarios submarinos realizados en el mundo. Los túneles submarinos permiten evitar trabajos en zonas de rompiente, reducir la dependencia de las condiciones climáticas y entregar mayor certeza en los plazos de ejecución”, agrega Abarca. Además, su trazado uniforme y revestimientos de alta resistencia contribuyen a disminuir riesgos operacionales y a extender la vida útil de la infraestructura.

Eurohinca ha sido parte de esta evolución en Chile, participando en proyectos de desalación y conducción de agua asociados a iniciativas clave, como la Planta Desaladora de Atacama de ECONSSA, el proyecto INCO de Minera Los Pelambres, el proyecto C20+ de Minera Doña Inés de Collahuasi y, más recientemente, las obras marinas y túneles del proyecto TEA de SQM, actualmente en su etapa final de ejecución.

A esta experiencia se suma un nuevo hito: durante diciembre de 2025, la compañía se adjudicó la construcción de los túneles bajo la ciudad de Antofagasta para la conducción de aguas residuales del proyecto de reúso licitado por ECONSSA, cuyas obras comenzarán en 2026 y se extenderán por cerca de 19 meses. Se trata de una infraestructura clave para habilitar soluciones de reúso con altos estándares de eficiencia y bajo impacto urbano.

Desde el punto de vista ambiental, este tipo de soluciones también presenta ventajas significativas. Al concentrar la intervención en los puntos de entrada y salida, se reduce la alteración del fondo marino y el impacto sobre la franja costera. “La experiencia muestra que los túneles generan una intervención mínima en el ecosistema y disminuyen la interferencia con comunidades costeras y áreas sensibles”, añade Abarca.

La eficiencia también se expresa en seguridad y condiciones laborales. La microtunelería permite avanzar hacia entornos de trabajo más seguros y altamente automatizados, y reducir riesgos asociados a la construcción en zonas marítimas complejas.

Pese a estos avances, el desarrollo de infraestructura eficiente para la desalación sigue enfrentando desafíos estructurales. Uno de los principales es la extensión de los procesos de evaluación ambiental. “Muchas veces, cuando un proyecto obtiene finalmente sus permisos, la tecnología con la que fue concebido ya quedó atrás frente a soluciones más eficientes, económicas o sustentables que surgieron durante la espera. El principal talón de Aquiles para el desarrollo de plantas desalinizadoras sigue siendo el tiempo que dura el proceso de aprobación ambiental”, advierte el ejecutivo.

Mirando hacia el futuro, la industria observa una tendencia creciente hacia plantas desaladoras de menor escala, soluciones modulares e incluso plantas flotantes, especialmente orientadas a abastecer localidades aisladas. “En países como España e Israel, estas miniplantas han sido una solución efectiva para comunidades pequeñas, tanto para consumo humano como para agricultura. Es un modelo que podría explorarse en Chile, especialmente donde no existe minería u otros grandes demandantes”, concluye Abarca.

En un escenario donde la seguridad hídrica se ha vuelto un desafío país, la eficiencia en desalación exige una mirada integral. Desde la ingeniería que opera bajo el mar hasta la planificación y regulación de largo plazo, la infraestructura sigue siendo un factor decisivo para que la desalación cumpla su promesa de sostenibilidad, resiliencia y continuidad en el tiempo.

Facebook
Twitter
LinkedIn

Recientes