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Santiago, 29 de enero de 2025

Ingeniería e inspección técnica: los factores que hacen posible y aceleran la inversión hídrica en Chile

Con una cartera de 64 proyectos de agua no convencional que suma USD 25.613 millones en inversión, la ingeniería y la inspección técnica se consolidan como los habilitadores que permiten transformar capacidad diseñada en infraestructura hídrica efectivamente operativa, segura y ambientalmente confiable.

Chile avanza en una transformación estructural de su matriz hídrica basada en desalación de agua de mar, reúso de aguas tratadas y sistemas de transporte de agua. Sin embargo, para Gustavo Estay, gerente de Relacionamiento Estratégico de CyD Ingeniería, la magnitud de la inversión por sí sola no asegura disponibilidad efectiva de agua: “La inversión en desalación no garantiza por sí sola agua disponible. El factor crítico es convertir la capacidad diseñada en capacidad operativa confiable, y eso se define en la ingeniería y, sobre todo, en la ejecución”, señala.

De acuerdo con el catastro elaborado por la Corporación de Bienes de Capital (CBC) y la Asociación Chilena de Desalación y Reúso (ACADES), a diciembre de 2025 existen 64 proyectos de infraestructura hídrica en etapas de ingeniería o construcción, que representan una inversión total estimada de USD 25.613 millones. La cartera está compuesta por 38 plantas desaladoras, 20 sistemas de impulsión y transporte de agua y 6 plantas de tratamiento.

En conjunto, las capacidades adicionales superarían los 44 mil l/s, con proyectos asociados a minería, sanitarias, desarrollos multipropósito e iniciativas de hidrógeno verde.

Para Estay, la diferencia entre una inversión anunciada y una infraestructura efectivamente habilitada se define en la ejecución. “La ingeniería establece estándares de diseño, criterios de constructibilidad y define las interfaces entre sistemas marinos, plantas, impulsiones y redes de consumo. Pero es durante la ejecución donde ese valor se materializa o se pierde”, señala.

En proyectos de desalación, la complejidad técnica es elevada. Obras marítimas, sistemas de alta presión, procesos físico-químicos, automatización y operación en ambientes altamente corrosivos requieren una gestión integrada desde el diseño hasta la construcción. En este contexto, la ingeniería permite anticipar riesgos, resolver interferencias y liberar frentes constructivos de manera secuencial, mientras que la inspección técnica actúa como el último filtro de aseguramiento de calidad, seguridad operacional y cumplimiento normativo.

“En desalación, una desviación menor en materiales, soldaduras, protección anticorrosiva o alineamientos hidráulicos puede comprometer décadas de operación, generando indisponibilidad de agua o sobrecostos de mantenimiento”, advierte Estay. Por ello, la inspección técnica no solo controla avances, sino que habilita la continuidad operativa futura de la infraestructura.

Este rol se vuelve especialmente relevante en regiones como Antofagasta, Magallanes y Atacama, que concentran la mayor parte de la inversión hídrica proyectada. En estos territorios, la correcta articulación entre ingeniería, permisos y construcción resulta clave para evitar reprocesos, retrasos y contingencias regulatorias que impacten los plazos de puesta en marcha.

En ese contexto, la coordinación entre la ingeniería de terreno y la inspección técnica también permite habilitar estrategias de inicio temprano de obras.

“La posibilidad de avanzar con obras previas, paquetes de ingeniería liberados por etapas y permisos secuenciados requiere una coordinación fina entre ingeniería, contratistas e ITO, que actúa como garante técnico-regulatorio en terreno”, explica Estay. “Esto permite acelerar los inicios de construcción sin comprometer el cumplimiento ambiental ni la seguridad futura de la operación”, añade.

Para Estay, el desafío de fondo es evitar que la inversión quede solo en el papel. “Sin una ITO especializada y una gestión de ingeniería integrada, la inversión corre el riesgo de quedarse en capacidad teórica. La coordinación de ambas es lo que finalmente transforma los proyectos en agua disponible, continua y segura, que es el objetivo que el país necesita cumplir”, concluye.

La relevancia de estos habilitadores técnicos será parte central del debate en el Congreso ACADES 2026, que se realizará entre el 17 y el 19 de marzo en Santiago, y que abordará la puesta en marcha, operación eficiente y regulación de proyectos de desalación y reúso, en un momento clave para la consolidación de la infraestructura hídrica no convencional en Chile.

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